domingo, 21 de agosto de 2011

La Ventana



LA VENTANA

Inmenso despliegue de pliegos de cielos, con roncos lamentos de espuma y cristales

Profundo, resuelto, envuelto en oleaje, azules destellos y calmas mortales.

Solo pensar en aquella ventana le hacía odiar estar en aquel sitio, la habitación del tercer piso con vista al bosque y la laguna era el lugar más seguro y al mismo tiempo, el peor para aquel hombre. Nadie, decía, puede entender cuanto puede significar una ventana, cuanto puede uno aborrecerla.

-Observa, decía Eduardo a su joven amigo Samuel - observa como a través de ella nos dejamos influenciar ¿cómo saber qué es y qué no es real ante ella? ¿Cómo confiar en algo que está constituido por límites tan arbitrarios como la belleza del paisaje del exterior? Una realidad que encaja dentro de un marco no puede sino ser falsa, los muros no se permiten tales caprichos, entre muros, la realidad es una y lo que ocurre afuera está lejos de nuestro alcance, nos mantienen en la ignorancia de la existencia de otro mundo y nos permite centrarnos en nuestra realidad relativa y momentánea, en cambio la ventana… Un suspiro salió de su interior mientras echaba una mirada a los campos de afuera.

¡La ventana! ¡Siempre aquella extraña divagación sobre la ventana! Samuel ya estaba acostumbrado, para él siempre había sido tan solo una simple abertura por la cual podía contemplar el bosque que le traía tantos recuerdos de la infancia, las montañas a las cuales siempre había querido ir, la brisa y todas aquellos simples placeres que alimentan los ensueños de la juventud, sin embargo, fue en aquella ocasión cuando algo en las palabras de su maestro hicieron que reflexionara más atentamente al respecto; Ventanas, muros y realidades distintas, todo tenía algo de claustrofóbico y a la vez algo seductor.

-Y entonces- pregunto Samuel – ¿Qué es lo que se esconde detrás de ella cuando la contemplamos desde la realidad de afuera? ¿Una ventana no es una abertura a nuevas experiencias? ¿No deberíamos tomar su existencia como medio de comunicación hacia lo que nos rodea? ¿No deberíamos preferir una ventana a vivir encerrados entre los muros?

-Entiendo tu punto de vista- replicó Eduardo-Más te equivocas, una ventana puede estar ligada a tu mente, a tu misma existencia más de lo que podrías imaginarte, ¿qué observas entonces cuando miras a través de ella cuando te hablo?

-Bueno- Dijo Samuel algo avergonzado – No es que me distraiga… pero es necesario recordar a menudo que hay más mundo que el que existe dentro de los muros de una habitación, ¿no?

-Claro – dijo el maestro - pero no puedes mantener dos existencias al mismo tiempo, debes representar uno de los dos papeles, o estás adentro de tu realidad entre los muros, o estas afuera de la ventana en una realidad diferente, la cual no es más para ti que una incertidumbre.

-¿Una incertidumbre? No entiendo – preguntó confundido Samuel

-Tú mente está afuera, pero el resto de ti no, por lo tanto allí no existes. ¿Qué sabes realmente de lo que está fuera de la ventana? Ves solamente lo que ella te puede mostrar, diseñada al capricho y la vanidad de los hombres. ¿Cómo puede ser sincera? Eduardo miraba a su joven amigo con una mezcla de severidad y comprensión.

-¿No es eso tener muy poca fe en los seres humanos? Además, habla de la ventana como si fuera un ser consciente.-  Samuel miró hacia la ventana un momento dudando de su propia convicción.

-No tengo fe alguna en las personas, no veo por qué debería de tenerla- La respuesta fue algo tajante, cruda pero enseguida regresó a su tono habitual - ¡pero esa no es la cuestión!  ¡La ventana! Creo que nunca llegarás a entender lo que realmente representa, no se trata de lo que existe al interior de esta casa ni lo que está fuera de ella, al otro lado de la ventana, comprende ahora Samuel, que es el hecho de que la ventana se interpone entre estos dos ambientes, la ventana guarda más cosas de las que comprendes, aquella maldita ventana ha sido y será la mejor representación de la soledad…

-Temo nunca comprenderlo, sin embargo…  es también una salida, una muestra de que existe algo más de lo que vemos, más allá de nuestra momentánea existencia, la ventana está dentro de una sola realidad, al sentir la brisa, mirar aquel paisaje, aunque hecha al capricho de los hombres lo que nos permite ver justificada su vanidad. La soledad, ¿No está mejor representada entre estos cuatro muros que por una simple ventana?- Samuel no sabía si trataba de convencer a su maestro o a él mismo.

-No, mira lo hermoso del paisaje, sin duda estará así cuando te canses de escucharme y decidas salir, a menos que se nuble un poco, claro, más cuando salgas, te darás cuenta de que parte de ese sentimiento de nostalgia,  sublime grandeza y asombro que sientes al mirar por la ventana no será más que una provocación de esta misma, porque aunque lo que mires esté en el mismo lugar y de la misma forma, el hecho de ser parte de esa realidad te hará apreciarla menos y verás otras cosas, tantas que ya no te parecerán tan curiosas como cuando las ves desde aquí dentro porque no serás capaz como ella de elegir donde establecer el marco de tu mirada.

Samuel no respondió, aquella especie de claustrofobia que había sentido antes se hizo aún más intensa y sin embargo le pareció que no quería salir, que estaba muy cómodo dentro de aquel cuarto amplio donde solo había aquella pequeña odiada ventana, se sentía seguro, tan seguro que se sentó en el marco de ésta y permaneció así hasta que la noche cayó y regresó a su casa.

Eduardo lo miró desde la polémica ventana de su habitación hasta que su silueta se confundió en la oscuridad, cerró la ventana y se acostó. Dormía y soñaba con un ave en lo alto de un faro, desplegó  sus alas y se lanzó en picada al mar, justo en el momento en el que se sumergía en las profundidades negras de la noche marina, Eduardo despertó, abrió los ojos, intranquilo y sin saber muy bien por qué, tomó su bata y salió de la casa, caminó un par de minutos hasta llegar a la pequeña casa donde vivía su joven y querido amigo. Debajo la ventana de la habitación de Samuel, rodeado de cristales rotos y un pequeño pájaro muerto a sus pies,  yacía su aprendiz de cara a las estrellas.