HUMO
En el Café la torre que se alzaba en medio de aquella
ciudad milenaria, sentado frente a la ventana y junto a una mujer, estaba un
hombre de mediana edad, vestido con un elegante traje gris y fumando una
delicada pipa. Estaban solos, los demás clientes se habían marchado ya hace rato y el mesero los veía como disgustado por su presencia. Parecía que ninguno de los dos tenía intenciones de marcharse aún cuando sabían que el
Café estaba por cerrar. Él miraba a la
mujer como se mira a la luna llena en su
esplendor y lejanía, con fascinación, tratando de adivinar que guardaba aquella cabeza mientras conversaban acerca de todos los temas que entre ellos podían detener
su mundo y a la vez extorsionar al tiempo. Él la amaba tanto que sentía que su
corazón empezaba a arder aún con más intensidad que el tabaco que se consumía
entre sus labios, en la mirada calma de ella parecía reflejarse toda la
ansiedad del alma de él mientras la audacia se batía con el silencio.
Sabía que era correspondido, ambos lo sabían, sin embargo se resistían a admitirlo, él pensaba que al decirlo, las palabras no podrían expresar la verdad de sus sentimientos y no serían más que humo... No
más que el humo que salía de su boca y que no harían más
que enturbiar aquel momento. Mientras él divagaba contemplándola, ella hablaba
animosamente. Se acercó el mesero y retiró sus tazas
al tiempo que el hombre del traje gris le pedía la cuenta, ella aprovechó la
interrupción para retirarse un momento hacia el tocador, él la miró mientras ella se
alejaba hasta que su mirada solo tenía el eco de aquella imagen
tan querida para él. El mesero se había retirado hacia la cocina y había
apagado ya varias luces del lugar, insinuando que ya era hora de que se fueran sin tener la desagradable tarea de
decirlo. El hombre del traje gris miró por la ventana cuando estaba a punto de dar fin al
poco tabaco que quedaba en su pipa y se quedó
paladeando su sabor un largo rato, llevó su mano hasta la pipa para retirarla
de su boca y exhaló por última vez. Más al momento de exhalar, sus labios
empezaron a tomar diversos tonos
grisáceos, algo así como el color de las nubes cuando se avecina
tormenta, y el humo que exhalaba no parecía parar de salir de su boca la cual
cosquilleaba al tiempo que insólitamente desaparecía… Miró en el vidrio su
reflejo, en un inicio con una sensación de infantil curiosidad, en su mente
distraída aún quedaban restos de la imagen de aquella mujer que volvería en
cualquier momento, ésta curiosidad se volvió incredulidad y la incredulidad se
convirtió en terror incomprensible. Su reflejo era ofuscado por el humo que
salía entre sus labios, en el cual se convertía su boca y se expandía.
De su rostro,
en pocos instantes, casi no quedaba nada, en su lugar solo había humo.Pronto
empezaron a desaparecer sus manos, su cabello, su torso…todo él se convertía en
humo, hasta que al fin, solo su miraba enloquecida en lo que aún quedaba de su
rostro resistía, una mirada aislada aun de aquel sofocante incendio se vio
reflejada en el cristal de la ventana gritando en silencio por auxilio hasta que
por último, desapareció.
Ella regresó al cabo de unos segundos, desde la puerta
lo buscó con la mirada pero lo único que encontró fue una pesada columna de
humo y la pipa en el suelo que se apagaba lentamente.